Estudiar a los .... tantos
A mis 62 años he vuelto a estudiar y, lo más importante, he ingresado, por primera vez, en la Universidad. No quiero preguntarme por las razones sino exponer mis motivaciones. Exponer las razones es un ejercicio de justificación casi inquisitorial. Me gusta más habar de motivaciones, de sensaciones y emociones (smarticons
). Ya los más importantes filósofos griegos distinguieron entre razón y percepción y filósofos más modernos hablan de "las razones del corazón"; E. Punset habla de la importancia en la toma de decisiones de la razón que utiliza la acumulación generacional de las percepciones sensoriales y emocionales, muchas veces, despreciadas.
Cuáles han sido las motivaciones o las razones emocionales que me movieron a solicitar en el verano último la inscripción en el "Aula de la experiencia".
Historia (se sobreentiende pasada).
En mi caso, y creo que en el de la mayoría, siempre tuvimos la necesidad de entrar en la vida laboral desde jóvenes (entonces se consideraba jóvenes a los 16 años ¡¡¡): situación socioeconómica de nuestras familias, cultura obrera imperante en aquellos momentos, imposibilidad de acceder a las instituciones de enseñanza existentes (años 60). incluso, no menos importante, el rechazo ideológico a la Universidad creada en Navarra por aquellas fechas. En definitiva, que optamos "a trabajar" a pesar de la formación humanista (instituciones religiosas) que teniamos.

Sensaciones Insisto en la validez de las percepciones sensoriales y de las emociones como base del razonamiento. Comenzar a esta edad los estudios en la Universidad supone seguir y continuar la construcción de un puente inacabado. Todos habremos visto el progreso de la estructura de los puentes que se tienden en las actuales infraestructuras viarias y hemos sentido el vértigo de las enormes vigas lanzadas al vacío en busca de la otra orilla y cómo, a su finalización, contemplamos la obra y nos quedamos tranquilos.

Esta es la sensación que hemos tenido durante nuestra vida laboral. Hemos tendido el puente, hemos soportado el extremo que faltaba y ahora podemos pasar de una margen a otra del río. Sin embargo, para mí, ahora me quedo en medio del puente, no necesito llegar a oto lado, no necesito mirar al frente. Vuelvo la mirada al río; de dónde viene y hacia dónde se dirige. El puente me permite observar el fluir del agua (Heráclito, todo avanza), divisar el acontecer desde lo alto de un puente románico.
Cuáles han sido las motivaciones o las razones emocionales que me movieron a solicitar en el verano último la inscripción en el "Aula de la experiencia".
Historia (se sobreentiende pasada).
En mi caso, y creo que en el de la mayoría, siempre tuvimos la necesidad de entrar en la vida laboral desde jóvenes (entonces se consideraba jóvenes a los 16 años ¡¡¡): situación socioeconómica de nuestras familias, cultura obrera imperante en aquellos momentos, imposibilidad de acceder a las instituciones de enseñanza existentes (años 60). incluso, no menos importante, el rechazo ideológico a la Universidad creada en Navarra por aquellas fechas. En definitiva, que optamos "a trabajar" a pesar de la formación humanista (instituciones religiosas) que teniamos.
Sensaciones Insisto en la validez de las percepciones sensoriales y de las emociones como base del razonamiento. Comenzar a esta edad los estudios en la Universidad supone seguir y continuar la construcción de un puente inacabado. Todos habremos visto el progreso de la estructura de los puentes que se tienden en las actuales infraestructuras viarias y hemos sentido el vértigo de las enormes vigas lanzadas al vacío en busca de la otra orilla y cómo, a su finalización, contemplamos la obra y nos quedamos tranquilos.
Esta es la sensación que hemos tenido durante nuestra vida laboral. Hemos tendido el puente, hemos soportado el extremo que faltaba y ahora podemos pasar de una margen a otra del río. Sin embargo, para mí, ahora me quedo en medio del puente, no necesito llegar a oto lado, no necesito mirar al frente. Vuelvo la mirada al río; de dónde viene y hacia dónde se dirige. El puente me permite observar el fluir del agua (Heráclito, todo avanza), divisar el acontecer desde lo alto de un puente románico.
Publicidad